domingo, 21 de septiembre de 2008

El jardín dividido.


Tarde-noche de domingo.
Estoy sentado en un bote fuera de casa.
El cielo mortecino dibuja la sonrisa del diablo en las nubes y el aire sopla bajo.
Las ramas se mecen, los grillos recitan sus poemas a la nada absoluta.
Hace tiempo fuiste a verme buscando nosequé.
Tu cabello negro ocultaba tu rostro ensombrecido, hinchado por los golpes de aquel hijo de puta.
Mantuviste mi corazón acelerado largo rato tratando de darte palabras de aliento.
En verdad me esforzé.
Me contaste de tu pena amargamente arañando mis sentimientos con tu voz.
Lloraste tanto que te quedaste dormida sobre el sofá y yo solo me quedé observándote.
Tan frágil, tan bella, tan desamparada de amor, nunca sentí lástima por alguien y ese día no fué la excepción.
Ese día sentí algo tan diferente...
Ternura, dulzura, un sentimiento encontrado en mi garganta q se ahogó mucho antes de poder darme cuenta.
Aquella noche que comprendí que te amaba como a una extensión misma de mi persona.
Que tonto fuí al no haberte retenido y haberte hecho entender las cosas.
Al día siguiente regresaste con él y tres semanas más tarde me enteré que moriste molida a golpes a manos de ese animal.
Jamás me perdoné el haberte dejado ir por esa puerta.
Jamás lo haré...
Esa mañana las hadas danzaron alrededor de tu cuerpo poniendo alas suaves donde antes hubo hombros para llevarte al jardín dividido.

Siempre lo he dicho:
"Es mejor incendiarse que consumirse lentamente".
Pero no así, no a tí. El viejo hombre tiene formas muy retorcidas de hacer las cosas.
De hacernos entender. Descanza en paz...
LIBERTAD.