martes, 10 de septiembre de 2013

A veces.

A veces quisiera ser viento y volar lejos a verdes prados
a planicies heladas, calladas, tímidas
fundidas en uno con la nieve

Ser el mar y recorrer el mundo danzando
arriba y abajo en un vaivén dulce y tranquilo
y otras furioso embestir las rocas de las playas cercanas

Ser el silencio que recorre mi cuerpo todos los días
esperando como las arañas la oportunidad
de encajar en algún lugar

Ser el grito ahogado que se reprime desde la cuna

Ser la diferencia entre amar y ser amado

Ser el agua de lluvia que golpea mi rostro

Ser corazón y no latir

Ser tristeza y no llorar

Ser alegría y no reír

Como la piedra no puede ser pájaro
ni la sombra puede ser luz

Como la armonía no puede ser grito
ni la paciencia una cruz

Hay vidas que no están hechas para encajar en otras vidas

Son solo espejísmos que creamos en la mente

Una mera ilusión de algo

Que jamás existió.


martes, 9 de abril de 2013

Mi reflejo.

Lunes por la mañana.

Unos pequeños pies que se entierran en mis costillas cada vez con más fuerza me tienen entre despierto y dormido desde las seis a.m.

Me arrinconan al borde de la cama hasta que casi me tiran y tengo que levantarme. Me siento adormilado, sin ganas de nada. Cansado, agotado, rendido.

El cuarto que se ilumina de a poco con la luz del día. Volteo y ahí estás tú.

Mirándome con una sonrisa. Revolviendo tus piernas en el aire balbuceando alegremente como diciéndome “Párate flojo hay que meterse a bañar para ir a trabajar”.

Me acuesto junto a ti de frente cerrando los ojos para dormir nada más “otros cinco minutos” y me tiras de los cabellos gritando.

-Ya pues, ya entendí.

Sonrío mientras te abrazo y te beso haciéndote cosquillas para después desvestirme y meterme al baño. El agua caliente al tocar mi rostro despierta mis sentidos y tallo mis ojos que al abrir ven que estás de nuevo frente mío estallando con  una carcajada  en los brazos de mamá quién aunque parecía en el quinto sueño se apresuró a desvestirte y traerte.

Te cargo, lentamente te meto a la regadera moderando la temperatura del agua para que no esté muy caliente y procedo a lavarte el cabello y el cuerpo mientras alegremente revoloteas peleando con la cortina de baño riendo y jugando.

Beso tus mejillas y te abrazo, después levanto en mis brazos para entregarte a mamá quien ya te espera lista con la toalla  para envolverte, secarte, cambiarte y ponerte guapo.

Salgo, me seco, me siento en la cama a observarte mientras mamá se baña. Tú sigues jugando sentado en la alfombra, frunciendo el ceño y parando la trompa, mordiendo a Winnie Pooh.

El tiempo se detiene un momento y te veo como en cámara lenta sonriendo, mostrando tus pequeños y recién salidos dientitos. Veo mi reflejo en ti y me siento anonadado y maravillado del milagro de la vida y ahí me quedo, mudo hasta que me vuelve a la realidad un “¡¿Todavía no te has cambiado?! Apúrate que ya es bien tarde, como te gusta hacerte menso” de tu mamá, tan cariñosa como siempre no sabes, ah y tan rápida pues en un abrir y cerrar de ojos ya está cambiada y arreglada.

Terminamos de arreglar las cosas, te subo al auto, te abrocho el cinturón de tu sillita, arranco, saco el auto del garaje mientras mamá que subió a darle de comer a las mascotas cierra las puertas, sube, enciende el estéreo, mete un cd, le sube al volumen y nos perdemos entre las calles rumbo al trabajo…

Ahhhh (suspiro)

Y esto es todos los días.