sábado, 4 de junio de 2011

La noche en llamas

Hay una gran tristeza que día a día se apodera de mí.

Cuando me levanto y me ducho. Cuando canto una canción.

Hay una gran tristeza que me despoja poco a poco de la alegría de la vida.

Miro a la gente en la calle y solo encuentro odio e indiferencia.

Nadie es bueno con nadie.

Sigo estancado casi a los treinta. Preocupado por lo que dicen los demás de mi persona.

Ahogándome en un vaso de vino que yo mismo he puesto en la mesa.

Oh sí, hay una gran tristeza cuando me miro al espejo y me encuentro vacío.

Cuando vivo la vida de otros y para otros.

En silencio. Siempre en silencio refunfuñando como pequeño niño regañado por sus padres.

Vencido.

Empequeñecido.

Desaliñado.

Olvidado.

Hay una gran tristeza en mí al no encontrar refugio en una mirada o en unos brazos.

Todos estamos solos chico. Arréglatelas como puedas.

Fumo mi cigarrillo sentado en el porche pensando en lo que vendrá y no adivino que planes tengan los dioses para mí.

Termino mi trago y lleno el vaso de nuevo.

Hay una gran tristeza que inunda mis ojos en este momento.

Y esas pequeñas gotas verdaderamente amenazan con salir.

Miro al horizonte y guardo para mí en silencio aquella chispa que promete algún día convertir la noche en llamas.