sábado, 4 de junio de 2011

La noche en llamas

Hay una gran tristeza que día a día se apodera de mí.

Cuando me levanto y me ducho. Cuando canto una canción.

Hay una gran tristeza que me despoja poco a poco de la alegría de la vida.

Miro a la gente en la calle y solo encuentro odio e indiferencia.

Nadie es bueno con nadie.

Sigo estancado casi a los treinta. Preocupado por lo que dicen los demás de mi persona.

Ahogándome en un vaso de vino que yo mismo he puesto en la mesa.

Oh sí, hay una gran tristeza cuando me miro al espejo y me encuentro vacío.

Cuando vivo la vida de otros y para otros.

En silencio. Siempre en silencio refunfuñando como pequeño niño regañado por sus padres.

Vencido.

Empequeñecido.

Desaliñado.

Olvidado.

Hay una gran tristeza en mí al no encontrar refugio en una mirada o en unos brazos.

Todos estamos solos chico. Arréglatelas como puedas.

Fumo mi cigarrillo sentado en el porche pensando en lo que vendrá y no adivino que planes tengan los dioses para mí.

Termino mi trago y lleno el vaso de nuevo.

Hay una gran tristeza que inunda mis ojos en este momento.

Y esas pequeñas gotas verdaderamente amenazan con salir.

Miro al horizonte y guardo para mí en silencio aquella chispa que promete algún día convertir la noche en llamas.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Ese algo.


Hay algo que rasga dentro de mi pecho.
Dentro muy dentro. Rompiendo todo. Amenazando con salir se revuelve en mí
La idea de no ser yo.
De pretender ser alguien más.
Mandar todo al carajo. Gritar. Mudar de piel como las serpientes.
Todo mundo me mira cuando paso por la calle. En la casa. En el trabajo.
Murmuran entre sí.
“No lo alcanzará”.
“Que deje de perder el tiempo”
“Fracasado”.
Algo se transfiere en mi mente. Cambia de lugar.
Ese algo está cerca. ¿Escuchas ese sonido? Es él.
Se abre paso partiendo madres ¿y sabes qué? Sigues tú.
Y tú.
Y tú.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Locura ordinaria.

Los días avanzan rápidamente.
Uno tras otro. Golpean fuerte como el periódico en el hocico del perro del vecino.
El aire huele diferente.
El lodo se siente diferente.
Las vacas tienen la mirada vacía.
El campo reverdece a su paso. El agua fluye de prisa.
Olor a putrefacción en la colina.
Los buitres sentados en aquella parota.
Las moscas danzando por aqui y por allá.
Silencio.
Un mujido.
Mi corazón volcándose a punto de salir corriendo.
Me quedo parado mirando las aves. Mirando el cielo.
Abatido.
Todos los días recorro varios kilómetros tras un espejismo.
Escondido en mi pecho. Dentro muy dentro confieso para mí amargamente.
Que la vereda que elegí no me lleva a ninguna parte.
Pasan los días y sigo comiendo.
Cojiendo.
Corriendo.
Huyendo.
Ganando.
Gastando.
Fluyendo.
Todo se resume en dos palabras:

"Estoy jodido".

jueves, 29 de abril de 2010

Las montañas

La tarde muere y las montañas alrededor de la casa murmuran algo entre sí,
los pájaros revolotean en sus nidos, la primavera agoniza, una mujer gimotea en la t.v.

Mi correo vacío.
Mi cuenta vacía.
Mis bolsillos vacíos.

El viento sopla pasivamente, mi mujer revolotea acomodando unos cuadros. Y hablamos
de esto, de aquello.

Aborrezco el cigarro.
Aborrezco el café.
Aborrezco las noches infernales de mosquitos asesinos.

Hace mucho que el alcohol no fluye por mi sangre y estoy perdiendo algo.
Como perro domesticado miro a través de la ventana.
Necesito escribir.
De verdad lo necesito.

Y aún haciéndolo siento que pasará mucho tiempo antes de poder plasmar lo que verdaderamente quiero en mis poemas.

Tomo las llaves del auto, abro el garage. Mi mujer me pide algo, no alcanzo a escuchar qué.
Prendo el estéreo. Piso el acelerador a fondo.

La brisa golpea mi cara, volteo y las montañas me miran, sonríen, susurran de nuevo algo para mí.

Y por un segundo soy libre. De nuevo.

martes, 6 de octubre de 2009

7/17

Anoche tuve una visión.
Un enorme dolor de cabeza en medio del desierto.
El sol. El viento. La muerte vestida de novia a SEIS metros frente de mi.
Tu voz.El pueblo marchito, la nota desgarrada, el temporal que se avecina de risas y fiesta y gloria ynoséquemás.
Campanas.
Ta-lan
Ta-lan
Ta-lan
Ese maldito ruido en mi cabeza.
Ta-lan
Ta-lan
Sus ojos incrustados en los míos...
Ta-lan
Ta-lan
Ta-lan
La tarde muere lentamente...
Silencio.

Desenfundamos casi al mismo tiempo.
BANG!
Mis pupilas dilatadas.
Ahi estoy yo tirado. Ahogandome con mi propia sangre.
Un letrero en mi espalda con algo escrito:
7/17...

lunes, 13 de abril de 2009

De las cosas que jamás me pasan en la vida.

De las cosas que jamás me pasan en la vida está tenerte entre mis brazos,
sentir tu mano tibia sobre la mía o besarte al atardecer en el parque.

De las cosas que jamás me pasan en la vida está verte sonreír a la salida del cine,
hacernos cosquillas hasta reventar o tomar un helado esta tarde.

Salir a caminar con los niños, verte correr hacía la escuela por la mañana
o ver como sonríes cuando juegas con tu gato.

De las cosas que jamás pasan en mi vida está mirar las estrellas perdido en el
encanto de tus ojos negros, de tu belleza misteriosa e incitante.

Decirte que me encantas, sentir tu mejilla junto a la mía, susurrarte despacio al oído.
Oler tu cabello, despertar a tu lado, amar tus ojeras.

De las cosas que jamás pasan en mi vida estás tú; Tan dulce, tan inocente, tan sutíl.
Lo que sigue es seguir aqui viéndo pasar mi vida, viéndo pasar la tuya.

Manteniéndome en una esquina a la espectativa, como las arañas, esperando el momento justo
para entrar en tu vida.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Los helechos.

La penumbra se alista para devorar la hojas de los helechos muertos,
aquellos que como nosotros se secaron con los años.
El tiempo marchitó nuestras hojas y nuestro corazón en poco tiempo,
en el olvidado patio de aquella casona.
En el lejano eco de nuestras risas, de los juegos de la niñez,
cuando parecía que tenías el diablo en el corazón.
Como corríamos, cuanto paseábamos, jamás entendí como llegó aquello a ser tan acogedor.
El olor a cesped. La salida del colegio.
El recreo. El avión pintado en el piso.
La melodía folklórica de la guitarra del abuelo de fondo.
El sonido del agua envolviéndonos.
Un día pronto iré a visitarte de nuevo para planchar las arrugas de aquel corazón que me
acompañó en tantas aventuras y cantar aquella vieja canción
que aún hoy sigo llevando en mi corazón.
Los helechos florecerán al compás de tu sonrisa y al final
seguiremos siendo sólo tú y yo.